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تاريخ القهوة التركية
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La historia del café turco: Mucho más que una bebida

6 min de lectura Actualizado: diciembre 26, 2025

«El alma no desea café ni cafetería; lo que el alma desea es la compañía, el café es solo la excusa.»

Este antiguo proverbio turco resume a la perfección de qué se trata realmente esta tradición. Al hablar de la historia del café turco, no nos referimos solo a granos y agua caliente. Hablamos de diplomacia, rebelión y la «red social» original del siglo XVI. El café turco ha sido durante más de 500 años el pegamento que mantiene unida a la sociedad, y desde 2013 es incluso Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO.

Pero, ¿cómo pasó una bebida oscura proveniente de Yemen a ser un fenómeno mundial por el cual los sultanes dictaban incluso sentencias de muerte? Separemos los hechos de los mitos.

El origen: un regalo para Solimán el Magnífico

Olvide por un momento la leyenda del pastor de cabras danzante en Etiopía. La historia documentada del café turco comienza en el Imperio Otomano, concretamente en la década de 1540. El hombre a quien debemos agradecer es Özdemir Pasha, el gobernador otomano de Yemen.

Él observó cómo la población local preparaba una bebida con cerezas de café para mantenerse despierta durante las oraciones nocturnas. Impresionado por sus efectos, llevó los granos a la corte del Sultán Solimán el Magnífico en Estambul.

En el Palacio de Topkapi se perfeccionó la preparación: los granos se tostaban, se molían finamente y se cocinaban lentamente en una pequeña cafetera especial (cezve) sobre cenizas de carbón. El resultado era más espeso, espumoso e intenso que cualquier otra cosa conocida hasta entonces. No pasó mucho tiempo antes de que la influyente Hürrem Sultan también sucumbiera a este nuevo elixir.

La primera «red social»: Hakam y Shams

Mientras el café seguía siendo un placer elitista en el palacio, en 1554 (otras fuentes citan 1555) ocurrió algo revolucionario. Dos comerciantes, Hakam de Alepo y Shams de Damasco, abrieron en el barrio de Tahtakale, en Estambul, la primerísima cafetería de la historia.

Este fue el punto de inflexión. Antes, la gente se reunía en mezquitas o en sus casas. Ahora había un lugar público donde se congregaban poetas, eruditos y jugadores de ajedrez. Estos lugares se conocieron como Mekteb i İrfan («Escuelas de Conocimiento»). Se bebía café, se jugaba al backgammon y, lo más importante, se intercambiaban noticias.

Si hoy pasea por las calles de Estambul buscando vajilla auténtica o una taza de porcelana de Kütahya, está siguiendo los pasos de aquellos primeros pioneros del café.

Por qué se prohibió el café en el Imperio Otomano

Cafetería turca tradicional

Donde se habla mucho, también se critica mucho. Y esto no agradaba a todos los gobernantes. Las cafeterías se convirtieron rápidamente en focos de discurso político y críticas al sultanato.

El oponente más infame del café fue el Sultán Murad IV (quien reinó entre 1623 y 1640). Veía en las reuniones de hombres un peligro para su poder. Su reacción fue drástica: prohibió el café, el tabaco y el alcohol. Los relatos históricos cuentan que se disfrazaba por las noches para patrullar las calles de Estambul. Quien fuera sorprendido bebiendo café podía enfrentarse a la pena de muerte.

No fue hasta que eruditos religiosos posteriores, como el Sheikh ul-Islam Bostanzade Mehmed Efendi, pusieron fin al debate. Él emitió una famosa fatua (dictamen jurídico) que declaraba que el café no era prohibido (haram), sino útil y deseable. Incluso dedicó un poema a la bebida, y el comercio de café volvió a florecer.

La exportación a Europa: cómo los turcos despertaron a Occidente

Irónicamente, Europa debe su cultura de cafeterías al Imperio Otomano, en parte a través del comercio y en parte a través de la guerra.

  • Venecia (1615): Los comerciantes venecianos trajeron los granos por primera vez a Italia. En 1645 se abrió allí la primera cafetería europea.
  • Inglaterra (década de 1650): Un comerciante turco llamado Pasqua Rosée abrió el primer puesto de café en Londres.
  • París (1669): El embajador otomano Süleyman Ağa puso de moda el consumo de café entre la aristocracia parisina.

Un detalle interesante: tras el fallido Segundo Sitio de Viena en 1683, las tropas otomanas dejaron sacos llenos de granos de café. Los vieneses pensaron inicialmente que era forraje para camellos, pero el oficial Jerzy Franciszek Kulczycki reconoció su valor, añadió leche y miel, e inventó así el famoso café vienés o Wiener Melange.

El cultivo de café en Turquía: un cambio moderno

Durante mucho tiempo, el «café turco» fue solo el método de preparación, mientras que los granos se importaban de Yemen o, más tarde, de Brasil. De hecho, Brasil comenzó a cultivar café en 1727 (contrabandeado desde la Guayana Francesa) y se convirtió en el principal proveedor del Imperio Otomano en el siglo XIX.

Sin embargo, hoy el panorama está cambiando. Gracias al cambio climático y a las técnicas agrícolas modernas, Turquía ha logrado cultivar su propio café. En regiones del sur como Mersín y Antalya, se llevan a cabo proyectos exitosos desde hace algunos años para producir café turco con granos 100% locales. Sigue siendo un mercado de nicho, pero está en crecimiento.

Un ritual que une

En Turquía, el café está profundamente arraigado en los ritos sociales, desde la lectura de los posos (Fal) hasta la pedida de mano. Al igual que ocurre con platos tradicionales como la receta de dolma de pimientos turcos, el café es un pilar cultural. Cuando la familia del novio pide la mano de la novia, ella debe servir café. Tradicionalmente, añade sal en lugar de azúcar en la taza del novio. Si él se lo bebe sin gesticular, demuestra su paciencia y amor.

Ya sea que busque el mejor tueste durante sus compras o simplemente disfrute de una taza en casa, recuerde que tiene en sus manos 500 años de historia. Es una tradición tan rica y compleja como un textil turco hecho a mano.

¡Buen provecho, o mejor dicho: Afiyet olsun!

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